A los españoles nos gusta dar nuestra opinión. Y discutir. Me atrevería a decir que muchas de las veces sin saber del tema que está sobre la mesa. No obstante, aún con poco conocimiento a veces se puede "apañar" un poco la situación utilizando bien los argumentos y el razonamiento. Por el otro lado, incluso una persona con mucho conocimiento podría perder la razón por utilizar malos argumentos (no es extremadamente frecuente pero puede pasar).
Y en Filosofía esto es de lo primero que hay que analizar, y es por ello por lo que he puesto este artículo y los siguientes hasta el F6 inclusive tan temprano en el temario. Porque es clave ya no solo para entender la Filosofía, si no para la vida en general. Si quieres ganar la discusión has de conocer las propias reglas de la discusión
El argumento
Entonces, sin más dilación comenzamos. Un argumento consiste en una conclusión sustentada por las premisas. Es importante entender la relación lógica aquí. Las premisas deben de apoyar de forma lógica a la conclusión. No al revés. No de formas ilógicas. No contradiciéndose entre sí. Sé que esto puede sonar evidente, pero me parece importante entender el argumento dado que es la base de todo lo demás.
Se suele conocer como razonamiento al proceso mental de crear argumentos, aunque muchas veces se suelen mezclar los términos y no hay un consenso unificado. Es más, la propia RAE define argumento como «Razonamiento para probar o demostrar una proposición, o para convencer de lo que se afirma o se niega.» [1]. Lo cual puede sonar confuso, pero realmente afirma que el argumento es el producto del razonamiento.
Tipos de razonamiento
Deductivo
En este tipo de razonamiento, se parte de una premisa universal para garantizar un hecho particular. Así, si la regla universal es cierta, y el caso particular queda dentro de ese caso universal, será cierto al diez mil millones por ciento. He aquí el ejemplo más clásico:
1. Los hombres son mortales (TODOS, eso lo hace universal).
2. Sócrates es un hombre.
3. Por tanto, Sócrates es mortal.
Supongo que con este ejemplo queda bastante claro. Esto dejaría de cumplirse si Sócrates no fuera un hombre (falla 2) o si no todos los hombres son mortales (falla 1). Por lo tanto, es importante asegurarse de que la regla efectivamente sea universal, y que la categoría a la que afecte pertenezca a lo que se está tratando de concluir. Además la Historia es prueba de que esto funciona, Sócrates se suicidó en el 399 A.C. [2].
Inductivo
En este caso sucede lo contrario. Se parte de una premisa particular que se repita muchas veces para tratar de predecir un hecho universal. Así, este método es predictivo, no asegura nada al 100 %.
1. Todos los autobuses de EMT Madrid que se han visto hasta la fecha son de color azul.
2. Por tanto, absolutamente todos los buses de EMT Madrid son color azul.
Aquí se nota que ya hablamos de otra cosa. No se podría garantizar con exactitud si todos los buses de EMT son azules. Podría haber un autobús amarillo que nadie haya visto (extremadamente improbable para un autobús, pero se entiende el ejemplo).
Esta es una de las principales bases del método científico (sí, se basa en la Filosofía), aunque realmente se basa también en el resto de los tipos de razonamientos organizados de una forma concreta que veremos mucho más adelante.
Abductivo
Este puede resultar algo más complejo. Se parte de un hecho inicial, para tratar de retroceder y buscar la hipótesis que mejor lo explique. Es básicamente lo que hacen los médicos o los investigadores. Aquí, cuantas más pistas o hechos se tengan, mejor, dado que se cierran las posibilidades. Un ejemplillo:
1. Veo una persona sentada en la parada de autobús.
2. Asumo que está esperando a que llegue el bus.
Pero esa persona, aunque poco probable, podría haber quedado con alguien en la parada del bus sin tener intenciones de subirse a él. También podría estar sentada descansando si no hay bancos en las proximidades. El método abductivo consiste en asumir la explicación más razonable. Conviene tener en cuenta el contexto y toda la información posible.
Analogía
Este último método consiste en observar dos o más casos particulares que compartan características, para concluir que compartirán alguna característica más.
1. Ramón conduce un coche que consume poca gasolina.
2. Patricio conduce el mismo coche.
3. Seguramente no pararán mucho a repostar.
No obstante, podría darse el caso que Patricio trabaje en un lugar lejano a su casa, y por tanto tenga que hacer muchos viajes de ida y vuelta todas las semanas, y por lo tanto consumir más gasolina. Por ello conviene usar cada forma de razonamiento con cuidado y buscar depender de más información.
Validez vs. verdad
Llegados a este punto y para comprender mejor la naturaleza de los argumentos, conviene distinguir los conceptos de validez y verdad. La validez corresponde con la corrección del razonamiento, mientras que la verdad se refiere a la veracidad de las premisas. Únicamente un argumento válido y con premisas verdaderas podrá derivar a una conclusión verdadera.
Así, un argumento puede ser válido, pero basarse en premisas falsas, y por lo tanto derivar a una conclusión falsa. Como:
1. Cercanías tiene muchas frecuencias y servicios express.
2. Un autobús bueno es más lento que un tren bueno.
3. Por lo tanto, la forma más rápida de llegar a Guadalajara es por Cercanías.
Sin embargo, Cercanías tiene pocas frecuencias y ningún servicio express, por lo que casi siempre es más rentable el autobús. Aquí el problema está en la premisa, que cualquier ciudadano madrileño usuario del ramal este podrá constatar como falsa. Pero si fuera verdad, sí que sería el servicio más rápido.
También se pueden tener premisas verdaderas y llegar a una conclusión falsa por un razonamiento defectuoso:
1. Siempre que he visto a Rosa iba con una camiseta color rosa.
2. Por lo tanto, es 100 % seguro que siempre viste color rosa.
Aquí se está transformando erróneamente un argumento inductivo en uno deductivo. Pero no se puede, dado que no se parte de una regla universal, no se puede garantizar entonces la conclusión.
Encadenar argumentos
Claro que ahora estamos viendo argumentos simples y relativamente evidentes. La cosa se complica exponencialmente al tratar ya ciertos temas, más aún en temas notablemente subjetivos como Teología, Política y Cultura. Por ello es importante partir de una buena base, y realizar correctamente la sucesión de argumentos.
Además, el hecho de que la mayoría de argumentos no sean deductivos (es decir, que no garantizan al 100 % su veracidad), es básicamente lo que permite el debate. Y eso está bien, porque permite la pluralidad de opiniones, que es esencial para que cada persona pueda darse más cuenta de sus propias equivocaciones y crecer como sociedad. Incluso David Eagleman argumentó en Incógnito la solapación de soluciones distintas a un problema como sistema natural [3].
Falacias
Las falacias son formas incorrectas de razonar. Es decir, en alguno de sus puntos provocan una contradicción. A veces estas contradicciones se notan sencillamente, como bien hemos visto antes si fallan las premisas o si falla el razonamiento. En Filosofía se distingue entre falacias formales e informales. Las primeras corresponden a errores en el razonamiento. El fallo está en los pasos lógicos, que, de hecho, la Lógica (rama de la Filosofía que estudia los principios y las reglas que establecen la validez de los razonamientos [4]).
Como hemos visto, el fallo también puede estar en las premisas. Esto en concreto sería un problema de verdad, no una falacia.
Pero también puede existir un fallo más. Puede ser que el argumento que se presente en un debate concreto sea irrelevante o que se produzca un uso incorrecto del lenguaje. Estos últimos dos casos están cubiertos por las falacias informales.
Sin embargo, las falacias formales las estudiaremos en F4, y las informales en F5. Si le interesa ir explorando, en Wikipedia hay una muy buena recopilcación de falacias en general [5].
Conclusión
Al final estos razonamientos se aprenden por pura intuición. Si es usted español, no me creo que no haya discutido con alguien nunca. Bueno, y sin ser español. Pero aprendiendo como funcionan los argumentos y las falacias, es posible construir mejores argumentos y detectar tanto fallos personales como intentos de engaño de segundas y terceras personas. Claro que también hay muchas falacias que se cometen sin intención de engañar, pero eso ya es otro tema.
Así, conociendo las reglas del juego es más fácil ganar.
Publicado por: Rubén Cardenal Hernández el 02 de septiembre de 2026 a las 2:00 P.M. UTC+2. Esta es la primera edición.
No hay comentarios:
Publicar un comentario